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El amigo invisible
Eduardo Arroyo. Blanco White amenazado por sus seguidores en Londres. 1978. IVAM
Bueno! amigo Arroyo!, amigo de tus artículos y de los que hablaban de ti, de tus correrías por museos de media Europa, de tu “look”, de los paseos alrededor de tu museo al aire libre en Robles, de tus orígenes con la España moderna; amigo de los acordes a la sombra de los fresnos en las tardes de agosto, pero sobre todo, amigo del caudal desaprovechado por los autóctonos del Valle, teniendo todas esas fuentes, teniendo todas esas piedras esparcidas por ahí.
Supongo que ahora que “palmaste” aparecerán “codos” como hongos, que hasta fácil se lo vas a seguir poniendo: vas a criar ortigas allí al lado; fíjate que hasta el alcalde de León te dedicó bellas palabras mientras mantiene como basurero el Unicornio...fijate!
Nunca es tarde…..Nunca las moscas tuvieron tanto sentido. 😉
17 de octubre de 2018.
Encuentros en Robles de Laciana, con Rosa Torres Pardo. A modo de recuerdo....
ANTES DE PEREGRINAR a las tierras gallegas del Morrazo, desde hace ya bastantes años, cumplo uno de los ritos más placenteros de la temporada: parada y música en Robles de Laciana. En el norte de León, entre valles, montes y brañas tan queridos por los pioneros de la Institución Libre de Enseñanza. Allí hacemos un alto, seducidos por las músicas y los músicos que durante dos días y sus noches tienen cita con la pianista Rosa Torres-Pardo. Invitados por el pintor -y señor de las moscas- Eduardo Arroyo e Isabel Azcárate, que sabe hacer honor a su apellido. Mientras seguimos esperando la aparición de la Iberia de Torres-Pardo, parece que llegará en otoño, el principal argumento musical este año, en esos auditorios y atrios abiertos a los prados de Laciana, fue la música española. De la zarzuela a la vanguardia, haciendo una excursión por las tierras argentinas y porteñas de Ginastera o Piazzolla. España como solución armónica. Como diversidad, nacional, plurinacional o exiliada, sin complejos ni deseos de cerrar ninguna puerta. Los músicos, cantantes y presentadores -cada año crecen y mejoran los que se apuntan a esta mezcla de ruralidad y vanguardia- de los encuentros en Robles demostraron que también entre vacas, moscas, tractores, pájaros al anochecer y algunos lejanos motores es posible hacer imaginativos recorridos por patrias tan abiertas. Un camino que nos invitaba a reconocernos en españolidades tan diversas como las del gallego Soutullo paseando por un parral segoviano o el cosmopolita Joaquín Ninmirando a Murcia. La España plural no suena tan mal, incluso muy bien. (Javier Rioyo, El Pais, 7 de agosto de 2005)
arquitectura vernácula en Robles de Laciana
escultura al aire libre en Robles de Laciana
paraisos perdidos
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