manzanas de plata

Hay un Madrid que no se vocea, que no se invade, un Madrid en poco más de una manzana, entre las calles Vitruvio y Pinar, entre las glorietas de Castelar y Nuevos Ministerios; es el Madrid de la Junta para Ampliación de Estudios, creación de carácter público en los primeros años del siglo XX, y que después de la guerra civil se transmutó en el  CSIC de Fisac; el Madrid de la Residencia de Señoritas de la calle Fortuny, vinculada a la cercana masculina de Estudiantes y a la ILE, vía otra vez JAE; el Madrid del Instituto Internacional de la calle Miguel Ángel, en torno todos a la Fundación Giner de los Ríos en Martínez Campos. Y para terminar el inmenso edificio de Nuevos Ministerios, con las estatuas dedicadas a Indalecio Prieto, y la ilegible a Largo Caballero.





gestualidades

Contrastes expresivos a través de dos cuadros, el primero de Hals, holandés, y el segundo de Velázquez, ambos pintores barrocos del siglo XVII. Contraste generalmente constante entre ambas escuelas.




el arte de saber ver


La calle Martínez Campos en Madrid nos ofrece en la actualidad en poco más de 200 metros, dos muestras en torno al arte y la estética como una experiencia práctica. Manuel Bartolomé Cossío, en la Fundación Giner de los Ríos, anima al excursionismo y a la zambullida en el medio como forma de conocimiento; en la naturaleza, como potente estimulante del placer de mirar.
A su vez, en el Museo Sorolla, la exposición temporal sobre Sorolla en París, muestra algunas de las experimentaciones más eclécticas y sofisticadas del valenciano, la luz, el color, de infinitos matices, con la pincelada suelta, desinhibida y exuberante, invitan al disfrute estético del plenairismo y la impresión natural en primer plano.



Encuentros en Robles de Laciana, con Rosa Torres Pardo. A modo de recuerdo....



ANTES DE PEREGRINAR a las tierras gallegas del Morrazo, desde hace ya bastantes años, cumplo uno de los ritos más placenteros de la temporada: parada y música en Robles de Laciana. En el norte de León, entre valles, montes y brañas tan queridos por los pioneros de la Institución Libre de Enseñanza. Allí hacemos un alto, seducidos por las músicas y los músicos que durante dos días y sus noches tienen cita con la pianista Rosa Torres-Pardo. Invitados por el pintor -y señor de las moscas- Eduardo Arroyo e Isabel Azcárate, que sabe hacer honor a su apellido. Mientras seguimos esperando la aparición de la Iberia de Torres-Pardo, parece que llegará en otoño, el principal argumento musical este año, en esos auditorios y atrios abiertos a los prados de Laciana, fue la música española. De la zarzuela a la vanguardia, haciendo una excursión por las tierras argentinas y porteñas de Ginastera o Piazzolla. España como solución armónica. Como diversidad, nacional, plurinacional o exiliada, sin complejos ni deseos de cerrar ninguna puerta. Los músicos, cantantes y presentadores -cada año crecen y mejoran los que se apuntan a esta mezcla de ruralidad y vanguardia- de los encuentros en Robles demostraron que también entre vacas, moscas, tractores, pájaros al anochecer y algunos lejanos motores es posible hacer imaginativos recorridos por patrias tan abiertas. Un camino que nos invitaba a reconocernos en españolidades tan diversas como las del gallego Soutullo paseando por un parral segoviano o el cosmopolita Joaquín Ninmirando a Murcia. La España plural no suena tan mal, incluso muy bien. (Javier Rioyo, El Pais, 7 de agosto de 2005)