el arte de saber ver


La calle Martínez Campos en Madrid nos ofrece en la actualidad en poco más de 200 metros, dos muestras en torno al arte y la estética como una experiencia práctica. Manuel Bartolomé Cossío, en la Fundación Giner de los Ríos, anima al excursionismo y a la zambullida en el medio como forma de conocimiento; en la naturaleza, como potente estimulante del placer de mirar.
A su vez, en el Museo Sorolla, la exposición temporal sobre Sorolla en París, muestra algunas de las experimentaciones más eclécticas y sofisticadas del valenciano, la luz, el color, de infinitos matices, con la pincelada suelta, desinhibida y exuberante, invitan al disfrute estético del plenairismo y la impresión natural en primer plano.



Encuentros en Robles de Laciana, con Rosa Torres Pardo. A modo de recuerdo....



ANTES DE PEREGRINAR a las tierras gallegas del Morrazo, desde hace ya bastantes años, cumplo uno de los ritos más placenteros de la temporada: parada y música en Robles de Laciana. En el norte de León, entre valles, montes y brañas tan queridos por los pioneros de la Institución Libre de Enseñanza. Allí hacemos un alto, seducidos por las músicas y los músicos que durante dos días y sus noches tienen cita con la pianista Rosa Torres-Pardo. Invitados por el pintor -y señor de las moscas- Eduardo Arroyo e Isabel Azcárate, que sabe hacer honor a su apellido. Mientras seguimos esperando la aparición de la Iberia de Torres-Pardo, parece que llegará en otoño, el principal argumento musical este año, en esos auditorios y atrios abiertos a los prados de Laciana, fue la música española. De la zarzuela a la vanguardia, haciendo una excursión por las tierras argentinas y porteñas de Ginastera o Piazzolla. España como solución armónica. Como diversidad, nacional, plurinacional o exiliada, sin complejos ni deseos de cerrar ninguna puerta. Los músicos, cantantes y presentadores -cada año crecen y mejoran los que se apuntan a esta mezcla de ruralidad y vanguardia- de los encuentros en Robles demostraron que también entre vacas, moscas, tractores, pájaros al anochecer y algunos lejanos motores es posible hacer imaginativos recorridos por patrias tan abiertas. Un camino que nos invitaba a reconocernos en españolidades tan diversas como las del gallego Soutullo paseando por un parral segoviano o el cosmopolita Joaquín Ninmirando a Murcia. La España plural no suena tan mal, incluso muy bien. (Javier Rioyo, El Pais, 7 de agosto de 2005)

Sorolla y Beruete

Reconocimiento al Sorolla de la España interior, y a Beruete, que supieron dar una luminosidad y color a esos parajes, tan sugerentes y tan poco explotados al mismo tiempo, desde esa perspectiva alegre y fluida.